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sábado, 5 de noviembre de 2016

NARCOCINE Y NARCOSERIES: Gran parte del público ya no valora ni juzga como antes lo que los medios le presentan.

por Javier Oteka 

Hace muchos años, arriesgando que quienes no me conocían me catalogaran como drogadicto y me condenaran por mi precoz posicionamiento, me pronuncié a favor de la legalización de las drogas en nuestro país, y dejé muy claro que lo hacía desde dos perspectivas: la de la seguridad pública y la de la salud.

Tenía y tengo el convencimiento de que su supuesta prohibición propicia la colusión de autoridades con delincuencia organizada que deriva en un mercado negro para la creciente venta de droga y la creación de gigantescos capitales clandestinos que debilitan las posibilidades del Estado para tener el control del llamado monopolio de la violencia.

Y en cuanto a la salud, la legalización bien regulada no sería factor per sé de crecimiento de las adicciones, si el esquema de legalización no se abre a un libre mercado que hasta se le permita publicitar drogas y hábitos de consumo, sino que por el contrario se diseñan y transmiten acciones y campañas de prevención.

Recientemente, dos congresistas pusieron el foco de la atención mediática en los efectos negativos que está causando la transmisión de las llamadas narcoseries. Ello ha derivado en una polémica en la que los medios y los factores que participan en la producción de estas series, se oponen a esa posición, defendiendo que esas series sigan produciéndose y difundiéndose ya que sólo reflejan una realidad que ya existe. Y que oponerse a su producción y difusión, es contrario a la libertad de expresión. Este argumento lo esgrimen, sobre todo, quienes para defender los patrocinios que las industrias de la producción y de los medios reciben del crimen organizado, exigen una libertad de expresión absoluta, sin límites ni regulaciones.

Que los narcos tengan castigo dentro de la trama de las películas y las series, no logra que cierto público tema a las consecuencias que esos actos puedan ocasionarle. Al contrario, le generan mayor dosis de adrenalina, mayor atractivo al riesgo que se juegan, una dependencia como la que produce la ludopatía a los adictos al juego. 

En ese sentido, las narcoseries y el narcocine —con el multimillonario apoyo económico de los fideicomisos del Estado, sus incentivos fiscales vía EFICINE, así como los incontables recursos que lava la delincuencia organizada—, están contribuyendo a la degradación de la sociedad, ya sea que se ubiquen dentro o relativamente fuera de los límites de la apología del crimen.

Damián Alcázar y Joaquín Cosío (El Cochiloco)
en la película El Infierno, escrita, dirigida y
producida por Luis Estrada. Abajo, casi subliminalmente,
se publicita la marca FORD.
¿Cuántos narcos en potencia y los que ya están logrados, admiran las hazañas del Cochiloco y quisieran hacerse de una súper poderosa pick up Ford como la suya; cuántas damiselas lobukis aspiran a vivir como por ejemplo la Reyna del Sur, aunque dichos personajes padezcan violencia en sus vidas; cuántos jóvenes de ambos sexos quieren experimentar esa conexión con su naturaleza salvaje (como la de los porristas exacerbados en los estadios de fútbol), cuando una estudiante somete a su maestra, le troza el mechón de pelo y lo eleva como signo triunfal ante el colegio entero que le aplaude a rabiar?

Sean Penn, El Chapo Guzmán y Kate del Castillo.
Con respeto al trabajo histriónico que realizan actores y actrices, quisiera que se percaten, al igual que los escritores, directores, productores y medios, de que las formas de violencia y delito que representan, aunque existen en la realidad, en gran medida están contribuyendo a idealizar formas de vida marginales, caracterizadas por un justicierismo antisocial, por una reivindicación de la delincuencia que justifica su actuar dadas las reprobables conductas de las clases en el poder.

Y, por si eso fuera poco, con el tema musical [de Rosario Tijeras] están remachando la idea de que esta guerra actual hay que vivirla con el veterotestamentario dogma del "ojo por ojo, diente por diente".


Recomiendo revisar:

https://www.youtube.com/watch?v=KhGajLwxAdc


http://www.cronica.com.mx/notas/2016/993744.html
 


El enfoque de la revolución social que estas películas y series presentan, no es el de la lucha del bien contra el mal, sino de malos contra más malos que los hacen parecer buenos. Han perdido la óptica del sano juicio, en gran parte debido al falaz discursillo de que el melodrama, caracterizado en personajes que oponen el bien contra el mal, es un género trillado que no refleja la realidad, pues según dicen nadie es totalmente bueno ni totalmente malo. Eso es cierto, y el género melodramático lo sabe; por ello es clasificado entre los géneros no realistas, según lo explica la reconocidísima maestra de dramaturgia Luisa Josefina Hernández.

El que las personas en la realidad tengan ambas dimensiones, de bondad y de maldad, no significa que ello descalifique el juicio y la valoración ética y moral. Si la civilización no hubiera llegado a estos descubrimientos, seguiría en el estado salvaje, del ojo por ojo y diente por diente.

Hoy más que nunca es urgente rescatar el sentido de responsabilidad social, para lo cual es preciso reflexionar con profundidad y claridad las motivaciones que nos mueven. Si ya no queremos melodramas, no los hagamos, desarrollemos otros géneros; pero por ningún motivo hagamos apología del mal, del delito, de la violencia. No contribuyamos a confundir a la sociedad aún más.

Eso no significa que dejemos de presentar el mal, el delito, la violencia que existe, ¡no! Significa que los artistas, técnicos y productores debemos asumir nuestra responsabilidad social, lo cual requiere que la presentación de los conflictos no se preste a exacerbar las conductas antisociales y el mal en general, como si fuera bueno.

Viene a mi mente Gandhi. Él no permitió que el pueblo de la India se sometiera y aceptara la esclavitud. Lo animó a luchar para que ese estado de cosas terminara; pero no mediante la violencia, sino en virtud de la resistencia pacífica. Y demostró que esa actitud y conducta tiene más poder de cambio que la violencia.



Ojala los medios ayudaran a construir una sociedad con paz y con justicia.  





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LA APOLOGÍA DEL DELITO EN EL NARCOCINE Y EN LAS NARCOSERIES DEBE SER COMBATIDA CON AUDITORÍAS Y FUERTES SANCIONES A LOS MEDIOS, EJECUTIVOS Y PRODUCTORES QUE CON ELLO ESTÁN LAVANDO DINERO DE LA DELINCUENCIA Y CONTRIBUYENDO A LA EXTINCIÓN DEL ESTADO DE DERECHO.


La libertad de mercado no es absoluta, tiene y debe tener ciertas regulaciones que protejan el bien común; al igual que la libertad de expresión.

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[De hecho las tienen, por ejemplo las que define el artículo 6° de nuestra Constitución:

"La manifestación de las ideas no será objeto de ninguna inquisición judicial o administrativa, sino en el caso de que ataque a la moral, la vida privada o los derechos de terceros, provoque algún delito, o perturbe el orden público; el derecho de réplica será ejercido en los términos dispuestos por la ley... "

Y las que expresa nuestro Código Penal:

CAPÍTULO VII - Provocación de un Delito y Apología de éste o de algún Vicio y de la Omisión de impedir un Delito que atente contra el Libre Desarrollo de la Personalidad, la Dignidad Humana o la Integridad Física o Mental.

Artículo 208. Al que provoque públicamente a cometer un delito, o haga la apología de éste o de algún vicio, se le aplicarán de diez a ciento ochenta jornadas de trabajo en favor de la comunidad, si el delito no se ejecutare; en caso contrario se aplicará al provocador la sanción que le corresponda por su participación en el delito cometido.

Artículo 209. El que pudiendo hacerlo con su intervención inmediata y sin riesgo propio o ajeno, no impidiere la comisión de uno de los delitos contemplados en el Título VIII, Libro Segundo, de este Código, se le impondrá la pena de seis meses a dos años de prisión y de cincuenta a doscientos días multa.

Las mismas penas se impondrán a quien, pudiendo hacerlo, no acuda a la autoridad o a sus agentes para que impidan un delito de los contemplados en el párrafo anterior y de cuya próxima comisión tenga noticia].

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El actor Plutarco Haza, entrevistado por un periodista, acaba de utilizar el simil del espejo, queriendo decir que las narcoseries sólo son un reflejo de lo que ocurre en la sociedad. Yo sostengo que si bien son reflejo, también reproducen esa realidad y hasta la exacerban. Muchas de las situaciones y los personajes que presentan esas series y películas funcionan como provocadores de emulación. Gran cantidad de jóvenes, y hasta adultos, admiran a esos personajes, se convierten en ídolos a los cuales imitar, aun cuando padezcan parte de los efectos de la violencia que ellos mismos provocan. Se emula una clase de heroísmo sujeto al riesgo, a la adrenalina, cuyo comportamiento antisocial alcanza jugosas recompensas, aunque sean temporales.

Los inmensos intereses financieros, producto del delito, que los patrocinan, están contribuyendo a reproducir ideas y costumbres que son nocivas para la sociedad. Éste es uno de los casos donde la libertad de expresión y de mercado, deben tener un límite que es el bien general de la población.

Es lícito presentar al crimen -porque existe-, pero de ninguna manera hacer apología de él; mucho menos en los medios masivos y en la deteriorada situación que estamos viviendo.

Asimismo, deben ser investigados y sancionados conforme a Derecho los servidores públicos que, por acción u omisión, están facilitando este estado de cosas.

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EL JUNIOR SALINAS AFIRMA QUE ASÍ, COMO ROSARIO TIJERAS, DEBE SER LA NUEVA TV AZTECA. 

Duración del video: 1 min. 43 segs). 

SECUENCIA DEL PRIMER CAPÍTULO DE ROSARIO TIJERAS, TRANSMITIDO POR CANAL 13 (hoy 1.1) DE TV AZTECA, A LAS 21:00 HRS. DEL 31 DE OCTUBRE DE 2016, Y QUE EVIDENTEMENTE VIOLA LA LEY AL HACER APOLOGÍA DEL DELITO.




La incontrolable y enardecida turba de jóvenes aplaude el triunfo de Rosario, la heroína salvaje, cuando les presume el trofeo del mechón de pelo que con sus tijeras corta violentamente a su maestra.

La apología se complementa con la voz en off del joven protagonista que expresa su admiración al acto salvaje y confiesa que desde ese día no ha podido sacársela del corazón.

Pero, con su doble moral, la empresa de Ricardo Benjamín Salinas Pliego, transmite un spot en donde la propia Bárbara de Regil (Rosario Tijeras ), dice no a las drogas.