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domingo, 19 de agosto de 2012

NUEVO IMPUESTO GRINGO PRETENDEN APLICAR AL CINE EN MÉXICO


por Javier OTK

Crestomatía de ALEJANDRO RAMÍREZ,
dueño y director general de CINÉPOLIS.
¡Ya es el colmo con estos vecinos del norte y sus incondicionales que les manejan sus negocios en México! Ahora, lo que pretenden es que los productores de cine mexicano, que son los primeros en invertir, los últimos en cobrar y los únicos que pierden, sean quienes paguen en México un nuevo impuesto que, en todo caso, deberían absorber los magnates dueños de las salas cinematográficas. Fíjese usted, tan sólo CINÉPOLIS y CINEMEX dominan el 90% del mercado.

La Cámara Nacional de la Industria Cinematográfica CANACINE, controlada por Alejandro Ramírez, dueño de Cinépolis, publica frecuentemente un índice de productividad que se refiere al total de asistentes que ingresan a las salas cinematográficas, por cada copia distribuida.

¿Cuáles son los factores que influyen y determinan que una película tenga un mayor o menor índice de productividad?

·       SATISFACCIÓN CUALITATIVA Y CUANTITATIVA:
El grado de satisfacción que la calidad de la película logre en los públicos. Y la cantidad de personas, por cada segmento del público, que logre atraer la película.

·       La inversión y efectividad de sus campañas publicitaria, promocional y de relaciones públicas.

·       La velocidad con que se produzca la respuesta del público para acudir a las salas; es decir, que entre menos tiempo tarde el público en acudir, habrá menos desperdicio por cada exhibición de la copia y, por tanto, más alto será el índice de productividad. Y la velocidad con que reaccione el exhibidor para retirar la película de las salas antes de que la película descienda del tope mínimo.

·       La capacidad de la película para mantener creciente y estable el flujo de público.

·       La adecuación del target de la película con el target que frecuenta cada sala de cine.

·       El horario, etc.

Ahora bien, ¿qué sucederá cuando próximamente la digitalización haya alcanzado a la mayoría de las salas, cuando ya no circulen copias de cine en 35 mm? Pues, simplemente, ocurrirá que el índice de productividad ya no se referirá a una relación de asistentes por copia, sino de asistentes por exhibición.

¿Y qué implicación tendrá dicha diferencia conceptual en los costos y beneficios para cada uno de los tres sectores de la industria; el de producción, de distribución y de exhibición?

Hablando en términos de equidad, el sector que más debería beneficiarse es el que menos gana y más tarda en recuperar su inversión: el sector de producción. ¿Por qué?

·       Hoy, si bien el distribuidor en principio paga al laboratorio las copias en 35 mm, enseguida les aplica una utilidad y el total se lo carga a la cuenta del productor. Con la digitalización, se eliminará el alto costo de las copias.

·       Ya no habrá necesidad de distribuir físicamente las pesadas latas con las películas al total de las salas, porque bastará un click para enviar los archivos por banda ancha o por satélite directo a cada sala.

·       Tampoco las distribuidoras tendrán que llevar los carteles a las salas, porque estos se proyectarán en pantallas pequeñas, grandes y espectaculares, digitales e interactivas de leds que, a manera de sitios web, interaccionarán con el público, dentro y fuera de los lobbies de las salas, llegando incluso a otros sitios por donde se desplace el público en su vida cotidiana. Etc.

Uno de los grandes problemas que hoy enfrenta el sector de producción en México, es que los exhibidores no están dispuestos a cubrir por sí solos, la inversión en los nuevos proyectores digitales. También, los distribuidores parecen no querer disminuir sus ganancias a pesar de que sus costos disminuyan. Lo que pretenden es transferirle al productor el total o gran parte de estas inversiones, transformadas en supuestos costos que, en estricta lógica, les corresponden sólo a los exhibidores. Se trata nada menos que de sus propios activos, al igual que el resto de sus muebles e inmuebles.

La estrategia de los exhibidores, principalmente de Cinépolis, Cinemex y Cinemark, y de las majors estadounidenses, consiste en hacerle creer a la opinión pública que, a nivel mundial, se ha “decretado” aplicar al sector de producción un impuesto denominado VPF (virtual print fee) que consiste en el pago de una cuota, similar al costo de cada copia en 35 mm, por cada copia digital que se exhiba en las salas. Y esto, con el inequitativo propósito de beneficiar a los exhibidores para que paguen el costo de sus propios proyectores. ¡Qué hollywoodesca ocurrencia, hágame el chingado favor!

Los productores, con el apoyo de las autoridades del ejecutivo y el legislativo, y con el apoyo del público y de los medios de comunicación, deben exigir que los exhibidores, a cambio, les den acciones de sus empresas para que así, las ganancias se compartan proporcionalmente. De esta manera, los productores también lograrían dividendos por la venta de palomitas, refrescos, dulces y demás snaks.

De lo contrario, en caso de que los exhibidores y las majors se nieguen a este lógico y justo reparto, pues entonces la Secretaría de Hacienda y Crédito Público, y el Congreso, deben oponerse rotundamente a que desde el exterior pretenda imponerse un nuevo impuesto en nuestro país.

¡Chingar-Chingar o Ganar-Ganar!