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jueves, 19 de abril de 2012

QUE EL IMCINE YA NO TE HAGA PATO


Por Javier Oteka

Se dice que cuando un cazador de patos no confía en su destreza, en vez de rifle, prefiere disparar con escopeta. De esa forma, aunque no apunte con precisión, algunos de los múltiples perdigones atinarán a uno o a varios patos.

Esa es la estrategia de la que se enorgullece el Imcine, la de disparar con escopeta en vez de hacerlo con pericia y con rifle.  En su Anuario Estadístico 2011, presume que la cantidad de estrenos de películas mexicanas va en aumento.

Pero, ¿cómo enorgullecerse de esa estrategia que logró que 41 de los 62 estrenos captaran únicamente el 6% de los asistentes?


De esa manera, al más puro estilo calderonista, de vanagloriarse con estelas de luz que al final resultan torres de Babel, las autoridades del Imcine han pretendido sumarse a los autoelogios del sexenio con la lujosa y apantalladora edición de su Anuario Estadístico 2011, y su atarantadora estrategia de disparar estrenos con escopeta, pese a que ya terminó la temporada de patos.

La industria cinematográfica mexicana merece que las autoridades a quienes el Estado confía las estrategias y la administración de los recursos, tengan la capacidad profesional necesaria para disparar y atinar con rifle, sin producir tan escandaloso desperdicio de los escasos recursos existentes.

Esto significa que tanto funcionarios como asesores y miembros de los diversos comités tengan y demuestren las competencias mínimas necesarias para cumplir con sus funciones.  No basta que un o una directora del Imcine sepa escribir guiones y fungir como “script doctor” en películas que, para tener éxito, tienen que ser escritas, reescritas, vueltas a escribir y supervisadas por plantillas de hasta 10 script doctors y supervisores de script. ¿Qué otra película justificaría a priori semejante despilfarro?

Quien dirija al Imcine en el próximo sexenio deberá sumar a sus conocimientos y experiencia en la producción de cine, competencias en las diversas áreas de la mercadotecnia y de la difusión cultural, de modo que no tenga la necesidad de ocultar ni de retratar sólo el lado fotogénico de las cifras, creyendo que es fácil hacernos patos.

En síntesis, se requieren funcionarios y funcionarias, consejeros y consejeras, integrantes de comités, que sepan administrar los recursos de los contribuyentes con honestidad, eficiencia y eficacia. Que tengan la capacidad y asuman el compromiso de encauzar una industria más equilibrada y exitosa en su sector de producción, no tanto por la cantidad de sus estrenos, sino por su calidad y su participación de mercado (cuota o share), tanto en México como a nivel internacional.

Hasta en el caso del cine “cultural o de arte”, es deseable que sea visto por más personas. Y eso, que puede llevar incluso a un buen índice de recuperación, se logra no sólo en virtud de las características intrínsecas del producto o del bien cultural, o sea de la película; sino mediante la implementación de estrategias exitosas de marketing que, en algunos casos estén apoyadas por patrocinios no sólo del Estado sino de la iniciativa privada.

Sería muy aconsejable convocar a un pacto de los diversos sectores de la industria cinematográfica y de las industrias conexas, de la sociedad y del gobierno, en orden a fijar y lograr una meta ambiciosa para que el cine mexicano alcance, en el corto plazo, una participación de mercado de por lo menos 30 por ciento, y del 50% a mediano plazo. Y esto se logra no tanto por la vía impositiva de la regulación legal, sino como fruto de una negociación de ganar-ganar y no, como ahora, de ganar-perder.

Una campaña nacional también es necesaria para involucrar a la sociedad; campaña integrada no sólo por mensajes convincentes y promociones de todo tipo, sino con películas que conecten con sus valores, sus gustos, sus anhelos y su visión del mundo. Y que, así, les resulte muy atractivo descubrir nuestro cine y concederle un significativo lugar dentro de sus preferencias.

Si las telenovelas y algunas de las series mexicanas han logrado alcanzar una participación mayoritaria en la televisión abierta de nuestro país y una aceptación enorme en muchos otros países, ¿por qué algo parecido no puede lograrse a nivel del cine mexicano, tanto en las salas como en otras ventanas?


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Mientras tanto, con Natalia Lafourcade sí que nos hacemos patos:

 

Natalia en el ZINCO JAZZ CLUB.