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viernes, 20 de mayo de 2011

ENTREVISTA del golpe en Chile con Sergio Méndez Arceo (Obispo de Cuernavaca)


por javier sicilia zardain
y javier ortiz tirado k.

Agradezco a mi tocayo Javier Sicilia que, en este caso,
aunque fuimos juntos y ambos firmamos la entrevista
pera nuestra revista LUMEN, en 1973,
él la haya logrado prácticamente solo,
mostrándome desde entonces su habilidad periodística
de saber perseguir y obtener del entrevistado
las palabras justas que se buscaban.
Por su oportunidad, profundidad y concreción,
ésta es la mejor entrevista que hasta hoy le conozco.
La foto del obispo no apareció en la revista.
Javier OTK.


El Obispo terminada su misa fue acompañado por los cánticos de los mariachis y del pueblo, hasta la salida de la catedral donde habló abiertamente con las personas que se lo solicitaban, de vestido humilde (dejando entrever la congruencia de sus palabras) saludaba y hablaba amistosamente, hasta que la gente empezó a retirarse, fue entonces, cuando lo importunamos con la primera pregunta, con el fin de detenerlo.

P. Padre, ¿nos podría ampliar sus conceptos expresados en la homilía?

R. (Algo cortante) Ah... pues mañana los publican en Excélsior.

Trató de seguir su camino a la sacristía y le volvimos a preguntar algo para evitar que se fuera.

P. Nos podría decir si piensa que este suceso va a repercutir en la izquierda de México y en el estudiantado.

R. ¡Oh, no sé! Ustedes son los que me pueden dar ideas si es que va a repercutir o no.

P. Pero de acuerdo a sus conceptos... usted como líder del pueblo.

R. Pues no líder; quisiera al menos estar comprometido plenamente con Él; aunque algunos piensan que ni siquiera estoy comprometido. Hace un momento un estudiante me decía: "dicen que usted está por la confusión y no por la izquierda", y dije, bueno, ciertamente, porque aquel que sataniza a los que no están con El dirán que yo estoy en la confusión. Yo sólo estoy con aquél único que puede decirme "el que no está conmigo, está contra mí". Sólo y definitivamente estoy con Cristo.

P. Y al estar con Cristo está usted con el pueblo.

R. Exactamente. Aunque no significa lo mismo pueblo que izquierda; porque de izquierda es una gente que busca al pueblo, a lo mejor para encontrar sólo sus intereses partidistas. Como les pasaba, creo yo, ahora a los extremistas de la Unidad Popular que contribuyeron tanto en el desastre. No había hablado de esto, porque no convenía echar vinagre en las heridas, pero cuánto contribuyeron en el desastre, impidiendo la posibilidad de un diálogo, que en una situación democrática como la pretendía Allende, era necesario. En el momento en que no tenía a la mayoría para poder, en el Parlamento, hacer aprobar sus ideas, necesitaba diálogo. ¿Con quién? Con lo que hubiera podido estar más cercano a él, siquiera para dividirlo, como por ejemplo a la Democracia Cristiana.

P. Entonces le cerraron totalmente las puertas.

R. Pues en parte se las cerraron los mismos izquierdistas —entre comillas— porque el que se pretende izquierdista a ultranza, es un hombre que no ve que la vida no es a ultranza.

Ahora sí se disponía a retirarse para cambiarse los hábitos, y le formulamos la última pregunta.

P. Padre, ¿qué hay de cierto en que usted era amigo personal de Allende?

R. Ah, cierto, cierto. Cuando vino a México —eso lo hubiera podido decir, y lo voy a decir por ahí— nada más porque le pusieron un programa tan cerrado y se lo llevaron para Guadalajara, no pudo venir a la misa el domingo ni a comer con un grupo de amigos de aquí, que me lo había prometido.

P. ¿Y comulgaba totalmente con sus ideas?

R. No..., yo no comulgo sino con el Señor.